La Agencia Internacional de Energía (AIE), el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial (BM) han advertido del impacto «sustancial, global y altamente asimétrico» de la guerra en Oriente Próximo, que afecta «de manera desproporcionada» a los importadores de energía, en particular a los países de bajos ingresos.