La crisis energética desatada por la guerra de Irán, con el cierre del estrecho de Ormuz, llevará a los gobiernos a revisar sus estrategias de seguridad del suministro, reduciendo su dependencia de los combustibles fósiles y apostando de manera decidida por las energías renovables, lo que afectará a los mercados petroleros, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE).